El 27 de junio se cumplen 47 años del último golpe de Estado en Uruguay que dio inicio a la dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1985. Para acercarnos a la época desde nuestras disciplinas, entrevistamos a un grupo de investigadores de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Universidad de la República (Udelar), que se ha dedicado a estudiar la propaganda oficial del régimen y la prensa clandestina y del exilio creada por la oposición política y social, tanto dentro como fuera del país.

Qué sucede con la comunicación cuando la convivencia democrática desaparece

La importancia del estudio se encuentra en que estas publicaciones son grandes insumos para el estudio de las ideas, los vínculos y las prácticas que caracterizaron a las organizaciones del campo opositor y de la dictadura. Su análisis en perspectiva habilita a explorar además qué sucedía en el país antes del golpe de Estado, ya que ni la censura ni la prensa clandestina fueron exclusividad de aquel período. También permite conocer las características que tiene la comunicación en un contexto no democrático, y en consecuencia ayuda a determinar qué implica hoy una comunicación en democracia, según lo explican Gerardo Albistur, Analía Passarini, Álvaro Sosa y Maximiliano Basile, autores del libro “Dictadura y resistencia. La prensa clandestina y del exilio frente a la propaganda del Estado en la dictadura uruguaya (1973-1984)”, cuya publicación aguardan concretar en los próximos meses.

La investigación contiene una serie de ensayos con énfasis en la descripción de las formas, los discursos y sus ideologías, y muchas reproducciones de piezas propagandísticas, medios clandestinos y publicaciones de exiliados del período estudiado.

 

¿Con qué antecedentes contaban al inicio de su trabajo en relación a los aspectos comunicacionales del período?

Gerardo Albistur (GA): Sobre la dictadura afortunadamente hay una investigación muy relevante. El trabajo que han hecho los integrantes del Grupo de Estudios Interdisciplinarios sobre Pasado Reciente (Geipar), por ejemplo, es muy importante. Y no son los únicos aportes. Pero hay muy pocas investigaciones que se hayan concentrado en los aspectos comunicacionales del período, cuando la dictadura hizo mucho énfasis en todo lo relativo a la comunicación y los medios, con una política por un lado represiva, de censura muy estricta, por otro de una fuerte difusión de mensajes propagandísticos oficiales. La dictadura creó normas y organismos públicos para tratar los temas de comunicación, de una manera como nunca se había hecho antes. Nuestra propia Licenciatura en Comunicación tiene su origen en los últimos días de la intervención a la Universidad. Nuestro aporte en particular, muy modesto, inició el estudio de la censura a la prensa entre 1967 y 1984, así como el rol de la prensa permitida en el mismo período. Y con este proyecto vimos que era posible dar un paso más, profundizar el estudio de la propaganda de la dictadura y de un fenómeno muy conocido pero casi ignorado en la investigación académica, la prensa clandestina y del exilio que los grupos políticos y sociales prohibidos por el régimen lograron mantener durante todo el período.

 

¿Qué permite, para la producción académica, este estudio sobre la prensa opositora y la propaganda oficialista?

Álvaro Sosa (ÁS): Este trabajo ha puesto de manifiesto la trascendencia de la prensa clandestina en la configuración y actividad del campo opositor a la dictadura. Asimismo, ha demostrado que estas publicaciones son en sí mismas ricos insumos para el estudio de las ideas, vínculos y prácticas que caracterizaron a las organizaciones que constituyeron este campo. Finalmente, un análisis de la prensa clandestina permite abordar determinados hechos y procesos trascendentes para el análisis del período dictatorial que en muchos casos fueron invisibilizados por la censura oficial.

Analía Passarini (AP): En ese sentido, creo que el trabajo también permite continuar avanzando en una línea de investigación que toma al sistema de medios en la dictadura e ir tejiendo las relaciones entre los diferentes actores. No solo me refiero a la relación y “diálogos” que mantuvieron las diversas publicaciones entre sí, sino también las que se establecían con los lectores de esa prensa.

GA: Estoy de acuerdo. Hace posible seguir avanzando, y una manera de hacerlo también podría ser una exploración de los antecedentes, qué sucedía en el país en décadas anteriores, porque ni la censura ni la prensa clandestina y del exilio, seguramente tampoco la propaganda, son privativos de este período.

 

En el prólogo del libro aclaran que esta investigación no es un trabajo estrictamente histórico, sino político y comunicacional. ¿Qué implica esta concepción de la investigación?

GA: No somos historiadores, no todos, al menos, sino estudiosos de la comunicación. Incorporamos sí, la perspectiva histórica –Álvaro, por ejemplo, tiene una amplia formación en la materia–, pero el foco no son precisamente los hechos históricos, su explicación e interpretación, ámbito específico de los historiadores, sino lo relativo a la comunicación en un contexto político determinado, en este caso un contexto no democrático. Queremos saber qué características tiene la comunicación en dictadura, lo que nos puede ayudar, por contraste, a determinar qué significa una comunicación democrática. Esto nos obliga también a incorporar nociones de teoría política, el análisis del discurso, el estudio de la imagen, la perspectiva de los medios de comunicación como actores políticos. La dictadura uruguaya es un caso paradigmático, un momento histórico en el que podemos observar el ejercicio del poder ideológico de manera absoluta, y la resistencia que se desplegó. Esto hace posible comprender qué sucede con la comunicación cuando las relaciones democráticas de convivencia han desaparecido, cuando el Estado busca instalar un discurso único, cuando otros discursos son sencillamente discursos prohibidos.

 

¿Cuáles son las caracterizaciones propias de la prensa clandestina y del exilio y de la propaganda del Estado durante la última dictadura? ¿De qué forma dialogaban esta prensa y esta propaganda?

ÁS: La prensa clandestina buscó romper con la censura oficial, denunciando por ejemplo las violaciones a los derechos humanos o el carácter impopular de las medidas económicas. Asimismo se transformó en una herramienta central que atestiguaba la existencia de las organizaciones clandestinas y la continuidad de la resistencia antidictatorial. En ese sentido el diálogo adversativo con la propaganda del régimen fue permanente y se expresó en editoriales y artículos que eran verdaderos contrapuntos de las versiones oficiales acerca de la realidad nacional e internacional.

AP: Obviamente la prensa del exilio tiene muchos puntos en común con la clandestina. Pero también algunas particularidades. Primero, en términos de producción, la del exilio era una prensa totalmente legal y en consecuencia también lo era su distribución. De esta forma logró alcanzar rincones geográficos de todos los continentes. Eso también significaba la amplitud del exilio uruguayo en el mapa y la necesidad de información sobre lo que acontecía en nuestro país. Y además de ser una herramienta para combatir la censura de la dictadura, denunciando las situaciones de vulneración de derechos y libertades y mantener a las organizaciones vivas, esta prensa tuvo un rol estratégico en el fomento de la solidaridad internacional con los uruguayos, tanto con quienes estaban fuera como dentro del país. Y algo que me parece bien importante, es la búsqueda de unidad a la que hacían referencia, porque además de estratégica para poder vencer a la dictadura, era natural desde su condición de exilio, más allá de los matices que se pueden encontrar.

Maximiliano Basile (MB): Si nos centramos en la propaganda oficial en la prensa, la dictadura apostó incansablemente al poder seductor de las imágenes y su capacidad para construir relatos y narrativas. El estudio de esas imágenes implicó utilizar métodos de análisis diferentes a los convencionales pero el esfuerzo valió la pena. Esa enorme cantera iconográfica da cuenta de acentos, símbolos, énfasis, y nos brindó las claves para interpretar prácticas, deseos y autoreferencias, en suma, sobre la construcción de una cosmovisión que pretendió no solamente darle un nuevo sentido a la política, sino también a toda manifestación de la vida social y privada.

 

En el segundo capítulo hacen un análisis de la propaganda oficial de la dictadura: ¿Se puede caracterizar como un caso de propaganda fascista?

GA: La prensa clandestina y del exilio caracterizó permanentemente a la dictadura como fascista. Podríamos pensar que se trataba solamente de una denostación, puramente retórica, una alegoría. Optamos por analizar si los elementos de la ideología fascista aparecen en la propaganda de la dictadura, y acercarnos así a una demostración. Debimos recurrir al largo debate académico sobre el fascismo, que se ha desarrollado tanto en Europa como en Latinoamérica, para determinar aquellos elementos que han reunido cierto consenso en torno a su ideología. Lo cierto es que en la propaganda de la dictadura aparecen muchos de estos elementos. Los valores de las capas medias, el ideal de unión, la negación de la lucha de clases y su sustitución por la concepción de una sociedad de tipo corporativa, el anticapitalismo bajo el rechazo a los valores de la acumulación y la búsqueda de beneficios, el anti intelectualismo, el valor de la familia y de la educación que encuadra a los jóvenes, el nacionalismo, el culto a las tradiciones. Y por supuesto el antidemocratismo. Siguiendo la definición de fascismo que propone Emilio Gentile, nos concentramos en lo cultural, sin ocuparnos de las dimensiones organizativa e institucional que caracterizan al régimen. Proponemos un nivel de análisis, pero la pregunta continúa abierta.

 

Ustedes afirman que en comparación con las dictaduras contemporáneas de la región, la uruguaya fue “especialmente sofocante” para los medios y la comunicación ¿Por qué?

GA: No hicimos un estudio comparado. Sabemos muy poco sobre lo que ocurrió con la comunicación en otras experiencias dictatoriales de la región. Sin embargo hay indicios bastante firmes de que la dictadura uruguaya se caracterizó por un control todavía más intenso en todos los aspectos de la vida política, la cultura y la sociedad. Quizás por eso aquí la prensa clandestina fue tan importante. Un término similar usó el periodista italiano Saverio Tutino en un artículo que publicó en el diario La Repubblica de Roma, en 1980, para referirse al Uruguay comparándolo con lo que sucedía en Argentina y Chile. Recién en 1981 comenzó a desarrollarse aquí una “prensa alternativa”, legal, que sin embargo reactivó las clausuras e incluso el recurso de la censura previa. Pero estamos lejos, todavía, de un estudio por lo menos a escala regional que confirme esta hipótesis.

MB: Es cierto, no hicimos hasta ahora análisis comparativos. Es certera la utilización del adjetivo “sofocante”, también es cierto que importantes y tradicionales empresas periodísticas volcaron su apoyo sin fisuras a la dictadura. En la prensa existió la censura directa, la censura autoimpuesta y el apoyo a la dictadura. Entre las dos últimas categorías hay casos que son difíciles de definir, existe una frontera difícil de trazar y se debe ser prudente al momento de analizar episodios que se desarrollaron en un clima de persecución extrema. También existen casos de apoyo y consonancia que se sostuvieron explícitamente durante 13 años.

ÁS: Lo que sí parece claro es que las formas represivas que en diferentes momentos asume el régimen influyen de manera directa en las condiciones de producción y distribución de las publicaciones clandestinas, así como en los contenidos abordados. De esta manera, los materiales relevados entre 1975 y 1981, el período más “sofocante” a nivel represivo, son escasos, confeccionados de forma muy artesanal e incluyen contenidos que dejan ver la premura con que fueron producidos.

 

¿Cuáles son las principales conclusiones a las que pudieron llegar con este trabajo? ¿A la luz de la democracia actual se puede pensar que la propaganda oficial fracasó y la prensa clandestina triunfó?

GA: Tengo dudas de que se pueda hablar en términos de éxitos y fracasos.

MB: No, no es una conclusión que se desprenda de nuestro trabajo. Pero digamos que siguen en lucha. La cosmovisión que anidó en la propaganda de la dictadura sigue vigente y con renovada actualidad desde junio de 2019. La narrativa de Cabildo Abierto utiliza, al igual que la dictadura, una interpretación absurda del artiguismo a la par de una apelación chauvinista de la orientalidad. Por si fuera poca coincidencia, lo mezclan con guiños a una difusa perspectiva desarrollista de la economía y un marcado conservadurismo social.

ÁS: Una de las preguntas centrales que debemos hacernos al pensar la dictadura es el para qué de un régimen de terrorismo de Estado. Partiendo de esa interrogante es necesario tomar en cuenta que vivimos en una democracia concebida casi exclusivamente como un régimen político, o sea purgada, en líneas generales, de su dimensión socioeconómica, sustentada en la impunidad respecto a las violaciones a los derechos humanos en dictadura y donde la “teoría de los dos demonios” tiene un rol central en la forma como la mayoría de la opinión pública entiende la historia reciente. En ese sentido yo no me aventuraría a hablar de una derrota de la propaganda oficial del régimen.

AP: En la misma línea que los compañeros y tomando también a la pregunta anterior, creo que no podemos hablar de triunfos y fracasos en estos casos, mucho más si reparamos que hubo una fuerte y constante monopolización de la palabra que permeó, no sólo en las páginas de la prensa, si no en la vida cotidiana y en la construcción de sentido de lo que fue. Esa simplificación a la que alude Álvaro es un ejemplo. En las publicaciones del exilio, constantemente se hacía referencia a la censura dentro del país, que no solo iban de clausuras transitorias o totales. La cantidad de medios menguó sustantivamente debido también a intimidaciones, amonestaciones económicas, que servían como medidas ejemplarizantes para la dictadura. Y esto ayer como hoy es un elemento para estar alertas, cuando se reducen las voces corremos el riesgo de delimitar las ideas y el espacio democrático en el que vivimos.

 

La digitalización de los materiales, el ordenamiento y su disposición para el análisis fueron tareas realizadas por estudiantes de la Licenciatura en Comunicación de la FIC, con la supervisión de un equipo docente y en el marco de una unidad curricular. De esta manera hicieron su primera experiencia de investigación los estudiantes Ignacio De Brum, Alejandro Acuña, Juan Manuel Bauzá, Alejandro Cabrera Canabese, María Victoria de La Llana, María José Feijó, Stephanie Galliazzi, María Teresa Pascale, Michaela Melo, Diego Anchorena, Leandro Priliac y Micaela Mazzili.

El libro se realizó como resultado del proyecto I+D, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Udelar, “1973-1984. La propaganda oficial del Estado y el discurso clandestino. Análisis de una oposición en dictadura para el debate actual sobre la democracia uruguaya”. En las III Jornadas de Investigación de la FIC el equipo hizo público un avance en la mesa redonda “Propaganda, clandestinidad y exilios. La comunicación en el período de dictadura en Uruguay”.

 

 

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